The Book of Fate

jueves, enero 14, 2010

Sobre Conversación-ES

Conversación-ES es un proyecto que nace inspirado en la serie de libros The Age of Conversation editados y publicados por Drew Mclellan y Gavin Heaton.

Este año, motivados a impulsar la colaboración entre blogeros y autores de habla hispana, Efraín Mendicuti, Engel Fonseca y Rafaél Jiménez se han reunido para invitar a a 100 blogeros que estén interesados en participar.

El pasado 22 de diciembre de 2009 en el evento de Neurona Digital Fest (básicamente un evento donde se transmitió el programa de Neurona Digital con audiencia en vivo) Efraín, Engel y un servidor realizamos el anuncio y se lanzó el blog del proyecto con la convocatoria para que otros entusiastas puedan sumarse al proyecto.

Desde el 22 de diciembre y hasta el 25 de enero cualquiera que desee colaborar podra registrarse como co-autor / colaborador del libro. Solo hay que llenar la forma de registro en la que también podrás elegir la sección para la que quieres escribir: Social Media, Creatividad en línea, Personal Branding, Integración del marketing mix ó PYMES en Internet.

Yo ya estoy incluido en el proyecto como colaborador y podrán ver publicado en unos meses un artículo mío sobre Innovación Tecnológica en el tema de Creatividad en Línea.

Conversación-ES, por cierto, es un proyecto sin fines de lucro y las utilidades generadas de la venta o distribución del libro serán donadas a alguna causa social definida por los mismos autores o colaboradores del libro. Si tienen algo que decir, ahora es cuando.

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miércoles, enero 13, 2010

¿La tecnología importa?

Hace poco y casi por accidente -o sea, jugando con mi Kindle- encontré el libro "Does IT Matter?", un libro sobre tecnología escrito por un economista, Nicholas G. Carr, y que nació como un artículo en la revista Business Harvard Business Review en un ejemplar de 2003. Este libro habla acerca de cómo la tecnología -cualquier tecnología, desde la electricidad o la Web- se vuelve irrelevante como ventaja competitiva para las empresas, gobiernos o corporaciones mientras se vuelve más popular y de fácil acceso. Carr sostiene que esta historia de la tecnología en los negocios se ha repetido una y otra vez desde la Revolución industrial con los trenes, el telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión y que innevitablemente se repetirá en nuestros días con las PCs, la Web, el Internet y otros adelantos tecnológicos de nuestros días.

La postura de Carr es muy interesante para mí precisamente porque él no ve la tecnología y su desarrollo como la vemos los tecnólogos (¿tecnófilos?): como un desfile interminable de novedades y adaptaciones que nunca tendrá fin, y cómo los adelantos tecnológicos harán libres y felices a la humanidad en los años por venir. Por el contrario, su visión hacia es que, si bien en su inicio estos adelantos e invenciones sí representan una ventaja para los negocios que pueden costearlo (porque todo cuando empieza suele ser muy caro y tiene riesgos altos) a la larga esta ventaja se desvanece cuando la competencia tiene acceso a versiones refinadas de la tecnología original a precios más bajos y en modelos probados previamente por los entusiastas tecnológicos. Bajo este razonamiento es entonces crítico para las compañías cuyo negocio principal no es la tecnología escoger cuidadosamente sus inversiones tecnológicas y no dejarse llevar por las modas o por los geeks de tecnología, y hacerse a la idea de que la tecnología, que sí es buena cuando se aplica de manera responsable en un negocio ahorrando gastos y aumentando la eficiencia y la productividad, no es un milagro que por si sola rescata empresas y negocios.

Al final Carr predice que dentro de poco llegaremos a un punto en que empresas y particulares adquiriremos la tecnología que necesitamos como un servicio que se paga por cuotas de consumo, de manera no muy diferente a la que hoy pagamos por la electricidad, el agua potable, la televisión por cable o el gas, sin importar de dónde venga o quien la sostenga.

El libro ha sido duramente criticado por los directores de las grandes empresas de tecnología y por entusiastas tecnológicos en todas partes pero ha encontrado apoyo y simpatizantes con personas de negocio, mercadotécnia y ventas en las empresas.

En mi caso tuve que leer el libro dejando de lado muchas ideas preconcebidas sobre la tecnología y quede profundamente impactado por el mensaje del libro, porque creo que en el fondo no está tan equivocado: algunas tendencias como la automatizacion de los procesos de diseño y desarrollo de software, la estandarización de plataformas y protocolos para hacer que sistemas heterogéneos convivan, la facilidad en la Web 2.0 para que usuarios no técnicos generen sus propios contenidos y sobre todo, la nueva plataforma de Cloud Computing se ajustan muy bien a las predicciones de Carr, aunque tampoco creo que sea 100% acertado en todas sus aceveraciones, particularmente en vista del éxito económico de empresas basadas puramente en tecnologia como modelo de negocio como Microsoft, Google o Dell.

Este libro es un virus: si lo lees ya no verás el mundo tecnológico de la misma forma. Recomiendo leerlo con calma y con mente abierta para sacar conclusiones propias, especialmente si te dedicas a tecnologías de información o a algo relacionado con ellas.

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martes, enero 12, 2010

Libros y eLibros

Un monton de librosCualquier persona que me conozca sabe que entre mis vicios tengo una enorme afición (¿adicción?) por la lectura: siempre estoy buscando el siguiente buen libro mientras cargo a todos lados con mi última adquisición. Dejarme sólo en una librería es un serio atentado contra mi economía. En serio.

El año pasado con la llegada de Ana Lucía mi estudio en el que tenía mis computadoras, mi taller, mis fuguras de acción y, claro, mis libros, tuvo que salir para convertirse en el cuarto de la niña, y gran parte sigue en cajas regadas por toda la casa. No me quejo por perder mi estudio (en realidad lo que necesito es otro cuarto o una casa más grande), pero el hecho si evidenció algo: tengo demasiados libros.

Lo que siguió fue una depuración de la bibioteca, y encontré varios libros -especialmente técnicos- que tenía poco sentido seguir conservando por ser libros temporales, desactualizados o simplemente anacrónicos. Lo mismo pasó con montones de revistas y recortes de periódicos. Y aún me hace falta espacio.

Amazon Kindle, un ejemplo de eBook readerToda esta situación me llevó desde hace un año -siguiendo lo que hice con mi música hace varios años- a empezar a experimentar con dispositivos para libros digitales, desde equipo portátil hasta dispositivos dedicados, como el eBook Reader de Sony y más recientemente el Kindle de Amazon (aunque ya había sido poseedor de un Apple Newton hace algunos años). La experiencia en leer en un aparato todavía se siente extraña y terriblemente diferente a un libro impreso en papel: se extrañan cosas como el peso, el aroma, la ilustraciones a color, los libros de gran formato... pero se ganan muchas, como la capacidad de búsqueda y de texto-a-voz, la portabilidad y sobre todo, la capacidad de almacenamiento.

Esto no significa que los libros impresos desaparecerán como muchos pronostican: yo he decidido dejar en mi Kindle libros técnicos y para trabajo y mantener en mi biblioteca los libros de arte, ilustración y mis novelas, porque cada una se disfruta de manera diferente.

A partir de este año podremos ver un boom para dispositivos electrónicos de lectura más o menos igual que el boom que tuvieron las PDAs hace 10 años, con una oferta cada más grande y cada dispositivo con nuevas y sorprendentes características, lo cual es muy bueno para promover e incentivar la lectura (y la cultura en general) y también que es más amigable al ambiente.

Conforme pase el tiempo veremos más contenido para estos dispositivos más allá de sólo libros, sino también revistas, periódicos, comics y cualquier otra forma de literatura, incluyendo -espero- hasta los menués de los restaurantes o los boletines de la colonia. De la misma forma los autores se darán cuenta que ya no están limitados a texto e imágenes estáticos y que podrán incluir como ya se hace en el hipertexto links, animación, audio, video e interactividad, lo que los llevará a repensar la forma en que se escriben y se leen los libros y toda la literatura en general.

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martes, agosto 21, 2007

Libros: todo lo que hay que leer (u-uh)

No es secreto que soy un lector compulsivo y que siempre estoy buscando cosas nuevas que leer, por lo que no es extraño tampoco que me encuentren hurgando entre las repisas de libros no solo de librerías especializadas o de puestos de revistas, también de tiendas como Sanborns o Vips (de mi manía de acomodar todo para que quede alineado luego hablamos). Muchas veces entre basura motivacional para ejecutivos y superación personal he encontrado algunas joyas y ha veces hasta buenas ofertas; el problema es que de repente también me he encontrado libros que jamás hubiera deseado encontrar.

Hace algunos días encontre un ejemplar de "Libros: todo lo que hay que leer" de Christiane Zschirnt, autora de Shakespeare-ABC (supongo que con este currículum no debió sorprenderme lo que vi después... es lo malo de ser curioso). Este libro reza en su contraportada:

Libros: todo lo que hay que leerCon Libros. Todo lo que hay que leer no se pretende crear un nuevo canon, sino presentar una serie de libros que nos ayuden a comprender la complejidad de la sociedad moderna: desde la Biblia hasta Harry Potter pasando por Leviatán, desde Shakespeare hasta Beckett pasando por Balzac, desde Lope de Vega hasta Cela pasando por Borges y Juan Rulfo. Christiane Zschirnt ha desempolvado una serie de obras imprescindibles en las que se recoge el saber del mundo occidental. Pero no se ha limitado a elaborar una lista de libros, sino que los ha sacado de las estanterías y los ha limpiado del academicismo que les resta atractivo a los ojos de algunos lectores. De esta forma, la autora ha democratizado la cultura, la ha hecho accesible a todos.
Por supuesto, el mérito es meter y condensar 150 de las grandes obras literarias de la historia de la humanidad en apenas 512 páginas (más índice e introducción)... digo, REALMENTE se necesita de talento y capacidad de análisis para la Divina Comedia en 2 páginas y todas la obras Shakespeare en apenas 12 páginas. Claro, es culpa de todo ese "academicismo" que aleja a los lectores.

No sé si reir o llorar...

El libro es un bodrio de lado a lado y parece más una compilación de ensayos de análisis literario de estudiantes de preparatoria: la selección es floja, predecible y no incluye ninguna sorpresa; los ensayos están salpicados de aforismos y opiniones vulgares y carentes de gusto como que "el Quijote es una jocosa obra con reminicencias de las películas de 'El Gordo y el Flaco'" o "el Cielo es la parte más aburrida de la Divina Comedia" y otros por el estilo.

En pocas palabras, este libro es un compendio de pésimas reseñas de obras que todos debimos haber conocido en la escuela y más que "democratizar" la lectura me parece un intento barato para darle temas de conversación a las personas flojas e incultas. Es el equivalente en papel de 'para que lo leo si puedo ver la película'. En pocas palabras, este libro es una afrenta a la ecología ya que no vale los árboles que se talaron para imprimirlo. Es una afrenta desde el punto de vista que se quiera ver excepto, tal vez, que aparentemente cualquiera puede publicar un (mal) libro.

Si lo ven y tienen ganas de reírse un rato, échenle un vistazo. De lo contrario huyan de él como la peste.

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lunes, julio 23, 2007

El placer de servir

El sábado pasado fuimos Ren, otro compadre y yo a una famosa librería (¿a quién quiero engañar? Fuimos a la librería Gandhi) por nuestra copia de Harry Potter and the Deadly Hallows -o Harry Potter, episodio 7- básicamente porque este compadre había pre-ordenado su copia algunas semanas antes. Esto no lo cuento para exponer lo geeks que podemos ser algunos, sino porque la parte memorable del asunto es que a mi amigo lo trataron muy, muy mal en la librería: lo mandaron a otra caja después de formarse en la que entregaban los libros, lo ignoraron olimpicamente y en su cara le dieron una copia del libro a otra persona que estaba formado detrás de él y que no había preordenado el libro (básicamente, a mí).

No quiero que suene este post a queja contra las librerías Gandhi -aunque en el fondo sí lo es- sino a otro punto que es algo más universal: el servicio a los clientes. En mis épocas de estudiante llegué a trabajar en una tienda de comics (cuentitos, pues) y cada sábado me tocaba entregar a uno que otro geek su pedido de la semana. Honestamente ha sido uno de los trabajos más satisfactorios en el sentido de que es posible hacerle el día a otra persona con solo entregarle lo que fue a buscar, esos cinco minutos de alegría ajena que dependen de solo hacer nuestro trabajo bien, con educación y con gusto.

En el caso de la gente de Gandhi entiendo que seguramente no durmieron con la venta nocturna, que estaban asolados por las legiones de fans-from-hell que demandaban su libro a gritos o incluso que estaban enfadados de tanto ruido, escándalo o lo que sea. Lo que no entiendo es como se puede tratar de una manera tan grosera a un cliente que se tomó la molestia de preordenar su libro con tiempo. ¿No se suponía que el chiste de preordenar era tener el libro antes, asegurado y con más facilidades? Peor aún, no entiendo a un dependiente que trate de manera grosera a un cliente que no le ha hecho nada, especialmente cuando tiene la oportundia de hacerle el día.

Vamos todos hemos estado en ambos lados del mostrador en un momento u otro de nuestra vida -y si no, deberían intentarlo- y debemos pensar en tratar a otros como nos gustaría que nos trataran a nosotros.



PD. ¡HP and the Deadly Hallows está increíble!

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